Principios de Vida – Dr. Charles Stanley – El ancla en las tormentas de la vida

PASAJE CLAVE: Hebreos 6.17-20
LECTURAS DE APOYO: Josué 1.8-9 | Salmo 57.1-3; 119.105 | Isaías 40.8
Mateo 11.28 | Juan 14.9-10; 16:33 | Romanos 8.29

INTRODUCCIÓN:

En la vida siempre habrá muchas tormentas

Quizá confrontemos conflictos en el trabajo, pérdida del empleo, problemas económicos, mala salud o relaciones hostiles. Todos podemos reaccionar con enojo y luego rechazar las lecciones que el Señor quiere impartirnos por medio de ellas; o aprender a enfrentarlas con fe, confiando en que el Señor suplirá nuestras necesidades pese a cualquier adversidad. Sobre todo, debemos tener presente que la Palabra de Dios es ancla inconmovible en las tormentas, pues sabemos que Él mismo ha dicho que “la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre” (Is 40.8) y, también, que es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino (Sal 119.105). Gracias a eso, no puede haber duda alguna sino que podemos confiar que en ella encontraremos dirección, fortaleza y estabilidad para resistir cualquier tormenta.

DESARROLLO DEL SERMÓN:

¿Qué es lo que ocasiona esas tormentas?

Por una parte, nosotros mismos podemos provocarlas cuando pecamos, porque actuamos con imprudencia sin medir las consecuencias, por falta de experiencia o porque otras personas las promuevan. Satanás también las interpone para alejarnos de Dios y de sus preceptos. Algunas ocasiones el mismo Señor las suscita, pero aún así, Él siempre usa cualquier tormenta para nuestro bien.

¿Cuál es el propósito de Dios en la tempestad?

  • Captar nuestra atención. Si nuestra pasión por el Padre comienza a declinar, con frecuencia Él usa el dolor, los problemas, la persecución y las dificultades para que volvamos nuestra atención a Él.
  • Limpiarnos de pecado. Por medio de las pruebas Dios llama nuestra atención a los aspectos de nuestras vidas que no le agraden, por lo que al captar ese objetivo nosotros debemos arrepentirnos inmediatamente del pecado que Él mismo nos indique. Entre más tiempo continuemos en rebeldía, el problema se recrudecerá más y más.
  • Instarnos a rendirnos a Él. Quizá el Padre desee que no nos aferremos a algunas cosas, objetos o metas que consideremos más importantes que las que Él nos ha reservado y que sea lo que nos impida recibir la plenitud de sus bendiciones.
  • Conformarnos a su imagen. Gracias a la adversidad Dios refina nuestro carácter. Su meta es conformarnos a la imagen de Cristo (Ro 8.29).
  • Equiparnos para servirle. Una tormenta puede destruirnos o contribuir a nuestro desarrollo; mucho depende de cómo reaccionemos. Pero si permanecemos cerca del Padre, la adversidad aumentará nuestro conocimiento, fortaleza, devoción, fe, paz y gozo. Todo esto servirá para que nos sometamos con gozo a la voluntad de Dios.

¿A qué se debe que la Biblia sea el ancla de nuestra vida?

No cabe duda que la Biblia es la revelación que Dios nos ha dado de sí mismo por medio de la palabra escrita, de la naturaleza y de la historia. En ella vemos que usó a los profetas, los milagros y su intervención específica en las vidas de los creyentes del Antiguo y Nuevo Testamentos.
Pero lo más importante fue la venida al mundo de su Hijo a fin de que, al vivir entre nosotros, pudiéramos entender cómo es el Padre (Jn 14.9-10): Dios de misericordia, fidelidad y amor que, además de ser eterno, santo, justo, omnisciente, omnipotente y omnipresente, es el Creador, el Soberano que rige el universo y el Juez de toda la humanidad.
Por otra parte, sabemos que la Biblia es infalible, sin errores. Dios nos la ha dado como guía así como para indicarnos cómo debemos adorarlo, obedecerlo y permanecer firmes en medio de las tempestades de la vida.

¿Cómo llega a ser la Biblia nuestra ancla en las tormentas?

  • Nos fortalece. Al sufrir lo embates del dolor y la lucha, leamos los Salmos. David, autor de muchos de ellos, resistió las tormentas y muchos salmos narran cómo encontró fortaleza en el Señor (Sal 57.1-3).
  • Nos recuerda las promesas de Dios. Nos garantiza la presencia, el poder y el auxilio de Dios, por eso es que yo inicio cada día leyéndola. No importa la tormenta que nos acose, la Biblia tiene la promesa para cada ocasión en particular. Por ejemplo, Cristo dijo:“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28); y Dios prometió a Josué éxito en todo lo que hiciera si meditaba en su Palabra (Jos 1.8-9).
  • Nos da la perspectiva de Dios. Nada puede sucedernos por accidente. Al analizar cómo Él usó la adversidad en las vidas de los personajes bíblicos, entenderemos mejor cómo usará la lucha que confrontemos en un momento dado.

¿Cómo lograr que actúe esa ancla?

Primero, debemos leerla.Así como el ancla en un barco de nada sirve a menos que sea lanzada al mar, la Biblia no puede alentarnos si no la estudiamos. Segundo, debemos meditar en ella. Recordemos las promesas del Señor y cómo comprobó su fidelidad a los creyentes en el pasado. Tercero, creamos en ella. Si dudamos de las promesas de Dios jamás recibiremos lo que Él ha preparado para nosotros. Cuarto, seamos los primeros en ponerla en práctica en nuestra vida, no en la de otras personas. Y quinto, debemos obedecerla incondicionalmente. Es así como el ancla funcionará en cada ocasión que la necesitemos.

CONCLUSIÓN:

Vivimos en una época de maldad que cada día se aleja más de Dios. Si carecemos de un ancla firme andaremos a la deriva en nuestra relación con el Señor. A veces las tormentas de la vida nos desviarán de nuestro curso para ceder a la presión que nos conduzca a una vida de desobediencia y egoísmo. Entonces terminaremos naufragando espiritualmente.
No debemos permitir que las corrientes contemporáneas nos alejen de Dios.Anclémonos en su Palabra. Ella nos fortalecerá, nos recordará las promesas del Padre y, lo más importante, renovará nuestra mente con su perspectiva eterna acerca de lo que confrontemos en el presente; de esa manera nos servirá de guía. Pero nosotros podremos superar todas las tormentas si estamos anclados en la roca firme, la Palabra de Dios.

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ARTICULO PUBLICADO CON PERMISO DE MINISTERIOS EN CONTACTO – IN TOUCH MINISTRIES

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