Mateo 3

Espíritu Santo.- Los judíos conocían bien este término. David había implorado: “No quites de mí tu santo Espíritu” (Sal. 51: 11). Isaías afirmó que Israel hizo “enojar su santo Espíritu” (Isa. 63: 10-11) y habló del “Espíritu de Jehová el Señor” que descansaría sobre el Mesías (cap. 61: 1). Juan no parece haber hecho resaltar el bautismo del Espíritu Santo (Hech. 19: 2-6). Con referencia a esta expresión, ver com. Mat. 1: 18. Fuego.- El fuego y el agua son dos grandes instrumentos purificadores naturales, y es apropiado que se emplee a los dos para representar la regeneración del corazón. Así también son los dos medios por los cuales Dios ha purificado, o habrá de purificar, a este mundo del pecado y de los pecadores (2 Ped. 3: 5-7). Si los hombres se aferran al pecado, finalmente habrán de ser consumidos con él. Mucho mejor es permitir que el Espíritu Santo lleve a cabo ahora la obra de purificación cuando todavía hay un tiempo de gracia. Los seres humanos serán limpiados del pecado, o serán destruidos, junto con él. Dijo Pablo: “La obra de cada uno… por el fuego será declarada” (1 Cor. 3: 13). No queda claro en qué sentido Cristo habría de bautizar en fuego. Es posible que esta declaración se refiriera por anticipado al Pentecostés, cuando los discípulos fueron bautizados con el Espíritu Santo bajo la forma simbólica del fuego (Hech. 2: 3-4). También podría referirse al fuego del día final, lo que podría entenderse por el paralelismo natural de Mat. 3: 12 (ver com
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